TEXTO DE MUESTRA

Ana Sokol

“A pocos metros de El Taller, en la calle 25 de Mayo, Ana W. de Sokol tiene su peluquería: porque es peluquera y, como anuncia allí un cartel, atiende “a señoras, caballeros y niños”. He estado varias veces en el pequeño, abigarrado, alucinante local, y aunque todavía no he entregado lo que me queda de pelo a las manos sin duda hábiles de Ana, he conversado bastante con ella.
No le cuesta hablar y la charla se desarrolla en una atmósfera esotérica, iluminada por la sugestión de sus cuadros. Ana nació en Lwow, Ucrania, el 6 de diciembre de 1902. Era muy niña cuando su padre murió de tifus, enfermedad que ella también contrajo a los diez años. En el modesto hogar de aquel mecánico de herrería creció Ana, quien se casó en 1922 con un muchacho que desempeñaba el mismo oficio de su suegro. Tuvieron dos hijos. En 1922 se vino con su familia a Buenos Aires, dejando en Ucrania a su madre, que vive allí todavía. Siete años después, se aplicó a estudiar el arte peluqueril, pues su salud no le permitía enfrentar trabajos más pesados. Tan bien le fue que desde 1935 tiene su local propio. Otras inquietudes, empero, la solicitaron en sus ratos libres. Comenzó a bordar, a tejer alfombras, a inventar flores de papel. Hace tres lustros, descubrió que podía pintar. La maravilla de los colores alejaba de su recuerdo la imagen de la madre y los tres hermanos remotos, de la miseria de Ucrania. En 1963 dejó de pintar. Leonor Vassena la impulsó a hacerlo nuevamente, facilitándole telas y colores. Un mundo inusitado brotó de sus pinceles. Viejas lecturas bíblicas y nostalgias infantiles se sumaron a su memoria. Adán y Eva, el Arca de Noé, paisajes con cúpulas bulbosas, fueron apareciendo, multiplicándose, como en un sortilegio de fuerte cromatismo. El Taller los exhibió en 1964.”

Mujica Lainez